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LA CONSTITUYENTE DE NARIÑO |
DISCURSO PRONUNCIADO POR EL GOBERNADOR DEL DEPARTAMENTO
(2003), PARMENIO
CUELLAR BASTIDAS, DURANTE LA PRESENTACION DE LA CONSTITUYENTE DE NARIÑO
EN LA CIUDAD DE BOGOTÁ
LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE DE NARIÑO
POR UN MANDATO POPULAR
" Allá está el valle fértil, la tierra pensativa.
Donde el país termina, El santuario en el centro
de las aguas brumosas. Una ciudad de iglesias
a los pies del volcán que se pierde entre las nubes.
Pero aquí están la fiebre, la soledad, el polvo.
Aquí he vuelto, a los hondos cañones de hombres tristes
donde el maíz se abraza en una luz de escombros.
El día es del color de los huesos desnudos
y en las almas hastiadas germina la discordia,
pero al atardecer, cuando la luz vencida
desagua por la orilla occidental, la tierra
se olvida de sí misma bajo el rosado cielo
y todas las leyendas con la luna, exaltándose cubren el firmamento. En
la noche insondable, mientras van las estrellas hacia otro horizonte,
oigo encenderse en fábulas los labios de los viejos,
oigo el hosco rumor de los cerdos dormidos
y el silencio en el campo brutal se purifica
mientras hablan su idioma los pesados planetas".
(En el Cañón del Patía. William Ospina.)
La memoria ancestral, la de siempre, parece que encontrare un oculto
hilo conductor entre el pensamiento de Don Juan Matus, oriundo de las
tierras de Sonora (Carlos Castañeda. México 1973) y Don Juan Chiles
habitante de las tierras de Cumbal. (Mamian Guzmán. Pasto 2002). Estos
poderes silenciosos son los mismos, pero hablan en orillas distintas,
aunque no lejanas; quizá son "países cambiantes", que nos hacen recordar
a Aurelio Arturo cuando viaja "por los países de Colombia", en su poema
Morada al Sur, el lamento obstinado de un hombre que tuvo que abandonar
su amada comarca, pero dejando que su alma siguiera morando para siempre
en los sures inmensos, donde "el verde -como él lo dijera- es de todos
los colores".
Convocar desde la palabra, en Colombia, pareciera que por momentos
pierde el sentido, porque la ritualidad y la ceremonialidad de tiempos
idos, han sido violentadas de manera permanente; es decir, hemos perdido
la confianza entre nosotros mismos, pues, a diario asistimos al
consabido "choque de poderes" (de los legalmente constituidos), y con
ese conflicto, en alguna medida también se han violentado los poderes
habituales (los legítimamente construidos); por eso creo que las gotas
de sangre que brotan de las entrañas de la Nación, no son gratuitas,
fueron provocadas por el choque también permanente de los Intereses, de
las Incomprensiones, de la venalidad, por haber cambiado la búsqueda de
lo importante por lo urgente, fruto de decisiones coyunturales que no
han querido ir al fondo del problema y por las imposiciones de todos los
impacientes, que creen que la guerra decidirá nuestros caminos.
Por lo tanto, pensamos que construir, no sólo puede ser el propósito de
unos cuantos, sino el ejercicio de dejar hablar a los "mudos", que son
aquellos que viven en vanos mundos de sabiduría silenciosa, y que su
único argumento es resistir, hasta que aparezca la oportunidad de
interlocución, no sólo porque alguien se la brinde, sino porque de tanto
resistir, el eco les acompañe en la prolongación de sus voces; y quizá
entonces los silencios se conviertan en notas musicales que
interpretadas armónicamente, permitan escuchar el concierto, la
orquestación, como entonando un sólo himno o una sola marcha, unas
cuantas memorias y un único futuro, futuro que tiene que ser hoy, porque
no hay espera.
Bitácora de Siete momentos en el Sur
Quizá 7 minutos con la palabra, sean suficientes para un ejercicio de
larga memoria, sobre nuestra región y sus ciudades, en el Departamento
de Nariño.
Primer Momento: Se sostiene que 25.000 años (a. de C.) pueblos
organizados habitaban el sur occidente colombiano, entre el Nudo de los
Pastos y el Macizo Colombiano. Intensas relaciones entre los mundos del
Tahuantinsuyo, Caribes y Muiscas construían su proyecto. Dos comunidades
nativas; Pastos y Quillacingas, constituyen el elemento humano.
Segundo Momento: Con la presencia hispánica en el siglo XVI, los dos
pueblos (Pastos y Quillacingas) se Integran en una sola Jurisdicción y
comparten espacio con otros pensamientos: El Distrito Colonial de Pasto
subsiste aproximadamente 270 años, configurando un amplio espacio
territorial entre: Almaguer (Cauca), Otavalo (Ecuador), Mocoa (Putumayo)
y Río Mira (Ecuador - Colombia).
Tercer Momento: A partir del siglo XIX, el proyecto territorial
granadino se transforma en República, surgen las Provincias y
Departamentos, divisiones territoriales conformadas por cantones,
jefaturas municipales, municipalidades, parroquias. La ciudad de Pasto
adopta un sinnúmero de denominaciones político administrativas, incluida
la de Capital Provisoria de la República (Julio - Noviembre 1862).
Cuarto Momento: El Siglo XX trae la noticia de la creación del décimo
departamento (Nariño, Agosto de 1904). Las provincias se desintegran y
la de Pasto se extingue en 1927, erigiéndose sus localidades en
entidades territoriales fundamentales, Pasto inicia el proceso de
municipalización pero perdiendo las unidades culturales, económicas,
políticas y sociales que fortalecieron su presencia. Hasta las casas
bancarias locales desaparecieron, por disposición nacional.
Quinto Momento: Entre las décadas del 30 al 70, el Departamento de
Nariño y el Municipio de Pasto se integran al espacio nacional
colombiano por carreteras, la una fruto de la guerra con el Perú, la
otra como propósito internacional, y se empieza a hablar de levantar el
ferrocarril de la costa, de construir un aeropuerto, producir energía
eléctrica, agua potable, relaciones binacionales, refinería de petróleos,
carretera al mar, carretera circunvalar al Galeras y, finalmente, de
procesos de descentralización administrativa.
Sexto Momento: A partir de 1991, Nariño (intenta o) se inserta en el
novísimo proyecto de descentralización, autonomía, diversidad,
participación, desarrollo y en una reflexión sobre pasado, presente y
futuro. Una mirada atrás deja entrever una región que permaneció con una
sola estructura urbana, la de Pasto, desde el siglo XVI hasta el siglo
XX; luego, el crecimiento urbano se desplaza por los caminos que
conducen hacia el norte, sur, occidente y oriente, como buscando las
puertas que tuvo en el pasado a través de la antigua Barbacoas, hacia
Panamá, Quito y Lima, como también a Popayán y los territorios del
Caquetá y Putumayo, mientras el espacio territorial del Departamento de
Nariño paulatinamente fue disminuyendo de 130 mil kilómetros cuadrados
que tuvo en tiempo de su erección, a sólo 33 mil que hoy posee.
Seguramente por eso, hoy sus habitantes se ocupan de buscar una
explicación en su propio sur, en la construcción de una región, donde
coincida la territorialidad, el crecimiento social y económico, el
edentitario cultural, la participación ciudadana, la descentralización,
de manera consistente y sostenible, con las condiciones propias de
nuestra localidad.
Séptimo Momento: Siglo XXI. El Departamento de Nariño, ahora con cerca
de 1.700.000 habitantes que en el pasado demostró diversas tendencias
productivas en los sectores primario, secundario y terciario, sufre una
crisis social espantosa. Consideramos urgente y prioritario iniciar el
diseño y ejecución de un Cluster de Investigación de futuro, detenido y
profundo, integrador y participativo, que conjugue educación y cultura,
ciencia y tecnología, localidades y región de conocimiento. Reconocidos
todos estos elementos, se decidirá sobre cómo optimizar la vida en la
región.
Ciencia y tecnología apropiada, saberes y conocimiento propios de largo
plazo, facilitarán la comprensión y reconocimiento de un proyecto de
vida endógeno, aprovechando la herencia vital de la cultura, la memoria
y la información acumulada en las experiencias de la comunidad de esta
región.
Cansados de resistir y de esperar en el silencio, silencio
esporádicamente interrumpido por heroicas expresiones de rebeldía
popular, en el sur nos ha colmado la impaciencia frente a una guerra
donde no se sabe qué es más cruel, si la arrogancia y prepotencia de
quienes no quieren renunciar siquiera a algunos de sus privilegios, o la
de quienes, proclamando arrasarlos, o simplemente sustituirlos, han
terminado por deshumanizar un conflicto que jamás debió dejar de ser
preponderantemente político, así se exprese a través de las armas.
Queremos recorrer otro camino que, como en los versos de Machado, lo
iremos construyendo al andar. Ese sexto sentido que Gaitán denominara
"la malicia indígena", nos dice que ya no podemos esperar más de las
fórmulas salvadoras ideadas y pensadas por la misma "cúpula". Es la
historia de siempre: para sacar al país de la crisis, algunos académicos,
eruditos magistrados y conspicuos barones del parlamento -pero siempre
los mismos-, inventan la fórmula, que salida de su caletre al servicio
del establecimiento, vierten en pomposas propuestas de reformas
constitucionales y legales, que se anuncian como redentoras. Hasta ahora,
sólo ellos han tenido derecho a pensar y, por lo mismo, a proponer, y
aún a imponer. Esa frase, "ahora le toca al pueblo", ha sido hueca, pues
a éste jamás se lo ha convocado, como ahora hemos decidido hacerlo los
nariñenses, a reunimos en comunidad para deliberar en alta voz, y
después de un prolongado y serio debate en todos los 64 municipios de
nuestro Departamento, recoger la síntesis de lo que las comunidades
quieren sea este país que les pertenece.
Será hermoso ver a todo un pueblo, en una enriquecedora reflexión
colectiva de dos meses, en cada municipio, decidir cómo cree que debería
ser el modelo de un desarrollo humano y sostenible, cómo debería ser la
superestructura de un Estado puesto a su servido y, por lo mismo, cómo
debería ser una verdadera reforma del poder político -no sólo electoral
o de los partidos- sino de la totalidad de sus ramas. Igualmente, cómo
cree el constituyente primario que deberían ser los entes territoriales,
especialmente su región y su municipio, muy lejanos de Bogotá, es cierto,
pero muy cerca de sus desesperanzas. Luego, elegirá los delegados para
que concurran a las nueve (9) Constituyentes Subregionales, a hacer la
síntesis de lo que han pensado en los municipios que las componen. Un
mes ensamblando lo que empieza a tomar cuerpo como el verdadero querer
regional, que culminará en la Gran Constituyente Departamental, en Pasto,
que luego de otros dos meses de intensas deliberaciones, llegará a
conclusiones que tendrán diferentes destinos; unas, las del ámbito
departamental, serán mandato para el Plan de Desarrollo "Nariño Visión
2030". Las del orden nacional confluirán con la constituyente Sur
Colombiana que habrá de entregarle al país lo que esta región propone a
sus demás hermanos colombianos.
Una dinámica correcta para la Asamblea Constituyente, debe invitar al
movimiento, es decir a cambiar las cosas del sitio de donde han estado
estáticas por siglos, por la intransigencia de algunos; esto, no siempre
será grato porque al descorrer el velo de los olvidos reaparecerán
viejos fantasmas; quizá únicamente el valor civil de muchas mujeres y de
muchos hombres permita que las puertas y ventanas de la casa grande se
abran y que la luz penetre, descubriendo nuevos espacios y otros rumbos.
La invitación a la palabra, por parte de otros interlocutores, puede
sanar las viejas heridas de memorias inconclusas; lo mismo que la
invitación a construir otras soberanías con los "alzados en almas" -a
decir de la poeta Mercedes Carranza refiriéndose a los hombres y mujeres
de la literatura y la poesía-, como aquella que propone generar
alimentos con calidad para todos, no sólo para satisfacer la necesidad
mecánica del hambre sino para nutrir la soberana necesidad de leer y
escribir, y una educación a escala humana que dignifique y que no
simplemente llene de datos escuetos y fórmulas malentendidas, sería otra
apasionante aventura del espíritu regional. Que la soberanía de las
fronteras no sea para rivalizar sino, por el contrario, para unir y
enlazar las esperanzas de innumerables seres humanos, niños y niñas,
jóvenes y jovencitas y adultos mayores, sin distingos de raza o credo,
como lo establece el principio fundamental escrito pero olvidado, es
decir, se trata de revitalizar las utopías, pero esta vez desde el ser
humano participante y activo en la expresión de sus quereres y
quehaceres, como lo ha propuesto nuestro coterráneo Carlos Villareal.
Ha llegado el momento de las grandes reivindicaciones: recuperar nuestra
memada histórica reafirmando nuestra identidad, pero con un sentido de
globalidad; y construir un amplio consenso social, donde el bienestar
colectivo prevalezca sobre el interés particular, como fase necesaria
para identificar y edificar una región próspera y solidaria, a partir de
la Soberanía Popular, un derecho cuasi - subversivo que consagró nuestra
Carta Política.
Ojalá este Sueño no sea sólo una quimera de los nariñenses sino que,
como lo dijera Castro Saavedra, sea el sueño de muchos, muchísimos
colombianos, para que ese sueño se vuelva realidad.
Mil y mil gracias por escuchamos, y como testimonio de gratitud queremos
obsequiarles un hermoso verso nuestro inmortal Aurelio Arturo:
"Este verde poema, hoja por hoja
lo mece un viento fuerte, sur oeste;
este poema es un país que sueña,
nube de luz y brisa de hojas verdes".
Arturo Coral-Folleco
Director y Jefe-Editor de
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