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Biblioteca Virtual de Ipiales, Nariño, Colombia

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Departamento de Nariño, República de Colombia, Sur América


2007

 

BIOGRAFÍAS

FLORENTINO BUSTOS ESTUPIÑÁN
(1893 - 1971)


por J. MAURICIO CHAVES BUSTOS

Investigador

Bogotá, 2006

Hablar del poeta Bustos es, sin lugar a dudas, hablar de Ipiales, de Obando, de Nariño todo; evocarlo es traspasar las barreras del tiempo y de lo acontecido, es tratar de ver su espíritu en su obra, en sus faenas de poeta y de periodista. Pero en sí, el estudio de la vida y obra de una persona nunca ha sido ni será fácil, la subjetividad surge por entre todas las ideas y razones, porque ¿cómo saber sus momentos de inspiración?, ¿cómo traer de la nada sus muníficos espíritus de creación? La poesía se convierte para el poeta en las más altas confesiones ante el sacerdote de todo lo creado, nosotros sólo somos minúsculos astronautas tratando de sumergirnos en el magnánimo universo del poeta Bustos. Y pidiendo perdón a la historia, y a pesar de todo lo anterior, trataremos de comprender al poeta a través de los siguientes parámetros: primero, el poeta como ser humano, luego como sujeto del devenir histórico, y para finalizar estudiaremos su obra.

Todos, como seres humanos, nos vemos inmiscuidos en inquebrantables parámetros que la vida nos depara, pero esto no es lo único que nos acontece, porque entonces la diferencia entre un artista y una piedra no sería prácticamente ninguna: existir y perecer, sería la única y homogénea biografía de todo ser humano. Pero tratemos de viajar con nuestra gran máquina llamada cerebro al inicio del ser llamado en el mundo de los mortales Nicolás Florentino Bustos Estupiñán. Del hogar formado por don Ramón Bustos Jácome y de doña Mariana Estupiñán Ortega, nace el cinco (5) de enero de 1893, en la entonces capital de la Provincia de Obando, Ipiales, al sur y génesis de las cordilleras colombianas. Su hogar estaría también conformado por sus hermanas Cornelia y Leonila –luego de Burbano y de Chaves Chaves, respectivamente-. Los Bustos Estupiñán es una familia con una solvencia económica cómoda, dueños de tierras, como las Fincas Santa Lucia, en el municipio de Pupiales, y de El Totoral, dedicadas al cultivo y a la cría de ganado; una familia que, como todas las de la región, es el fruto del mestizaje español-americano, tratando de cultivar costumbres y tradiciones para poder identificarse como miembros de una provincia, de una región, de un país; y es por sobre todo una familia católica, con tendencias políticas más bien de corte liberal, en el sentido de la defensa de las reformas progresistas y democráticas. Sus padres poseen cierta cultura, ello se denota en el manejo de una caligrafía exquisita, predominando el estudio de las lecturas místicas y de poesía española y americana; dominio en el manejo de la economía casera, como lo atestiguan los viejos libros de cuentas, en donde minuciosamente se anotan los gastos de una hacienda, hasta los pequeños gastos caseros. Nicolás Florentino crece por tanto en un medio culto y preparado; muchos de sus antepasados fueron artistas que se desenvolvieron en diferentes medios, como su tío Lizardo Bustos Jácome, cuyo óleo lo muestra interpretando la cítara, siendo maestro del poeta en este arte musical.

Su niñez fue rica en alegrías, las propias de un niño de provincia: los juegos tradicionales; las celebraciones importantes, como Navidad y la recolección de juncos y ramas para el pesebre, la Semana Santa y la preparación de la tradicional juanesca, mezcolanza exquisita de frutos marinos y de granos y tubérculos serranos; las amenas y ricas tertulias familiares, pues de su solo padre tuvo once tíos y sinnúmero de primos, entre los que destacamos a Guillermo Bustos Cabrera, peregrino de la patria, cultivador de café en el viejo Caldas, obrero en el ferrocarril antioqueño, cantos de gesta por las provincias colombianas; Cesar Bustos, caligrafista de marcada resonancia en Nariño y Ecuador; Alfonso Bustos, ebanista, artista de la madera, carpintero de la vida. Las primeras letras las aprendería con su madre, alternándolas con el aprendizaje de la administración de los bienes familiares, exigencia a que lo obligaba su condición de único hijo varón; y es precisamente aquí donde surge la anécdota relacionada con su gusto por la vida monástica, específicamente la de los Hermanos Maristas de la Enseñanza, idea de la que debió desistir por insistencia de su padre, ante la dura amenaza de ser desheredado si optaba por ese estilo de vida. Luego ingresa al colegio de San Felipe Neri, de los recién llegados Padres del Oratorio (1886), en el colegio Noviciado, entablándose desde entonces una gran amistad con esta singular comunidad religiosa, especialmente con los futuros padres Félix María Cadena y Luis Ramírez, solo interrumpida por el lapso de la muerte. Desde estas aulas Bustos se destaca como estudiante, siendo aquí donde realizará las primeras composiciones poéticas; continúa los estudios en el Colegio Sucre, al que con gran cariño y profundo sentimiento le legaría luego sendo Himno Escolar, y que aun hoy con alborozo entonan los alumnos de este distinguido plantel obandeño; prosigue luego en el colegio Francisco Javier –hoy Javeriano- de la ciudad de Pasto, en donde conoció y se empapó de las corrientes literarias del incipiente siglo XX. En todos los planteles fue visto como escritor de futuro prominente, pues sus preclaras estrofas auguraban desde ya al poeta consagrado. La formación humanística, fruto de cuanto libro cayera en sus manos y el ambiente culto e intelectual que lo rodeó desde su temprana infancia, hizo de él un hombre de amplios conocimientos, amante de la poesía y de la prosa, preparado, algo rebelde, y como diría su generoso y comprensivo amigo Enrique Pantoja Muñoz, generoso, comprensivo y soñador.

Como buen poeta de la época, incursionó en la fina bohemia, arrancando de aquí para sus innumerables anécdotas, como la de aquel día en que bajo la inspiración de Dionisio inició en la plaza de San Felipe un recital improvisado, al que acudió gran cantidad de comarcanos, no solamente atraídos por la poesía, sino por los regalos que el bardo sacaba de un baúl y lanzaba desde la glorieta. En el tercer lustro del siglo ingresa a la Sociedad del Carácter, que reunía a los jóvenes intelectuales de la época, entre sus fundadores se destaca Félix María Murillo, poeta y dramaturgo preparadísimo, y es bajo el periódico de la sociedad, denominado Ensayos , en la que Bustos se lanza como poeta y periodista. En dicho periódico encontré la siguiente anotación que ilustra el pensamiento de la época y que sirve además para descubrir otro de los seudónimos empleados por el poeta, como veremos más adelante: Ipiales, febrero 17 de 1917. Señor Presidente de la Sociedad El Carácter. Estimado Señor, agradezco, como es debido, todas las finezas de la Sociedad El Carácter, y me veo obligado por razones ajenas a mi voluntad a renunciar irrevocablemente de esa colectividad; por impedírmelo mi padre de una manera rigurosa… No por esto dejaré de ayudarla a esa Sociedad, la acompañaré con mis simpatías, cuando ya no pueda hacerlo con efectiva colaboración. Soy de ud atento servidor. Florentino Bustos E , y aparecen publicados de manera consecutivo una serie de poemas denominados A ella sola, firmados con el seudónimo NOE, pertenecientes a Bustos.

Más tarde conoce a quien luego será su cuñado, el Dr. Guillermo Chaves Chaves, siendo desde entonces su más seguro admirador, por la intelectualidad y visos de genio que desde ya mostraba éste desde los claustros estudiantiles de bachillerato de las universidades de Nariño y del Cauca; los viajes que Chaves Chaves realizaría le permitirán al poeta conocer los nuevos movimientos intelectuales que se estaban gestando en los países de América y la clase de periodismo que se estaba realizando en las grandes capitales del mundo. En 1916 funda la Sociedad Caro, formada por jóvenes conservadores, fundan el periódico El Porvenir, “periódico quincenal de “política, literatura y variedades”, desde el 30 de octubre de 1915 hasta el 6 de julio de 1925, se ubicaron 84 ejemplares. Durante este período mantuvo fuertes discusiones a través de sus escritos con las publicaciones liberales de esos años, como “Renovación” y “Liga Suriana” que eran eminentemente políticas. Fueron administradores responsables Rafael Sacro, Florentino Bustos, Emilio R. Meza, Constantino Guerrero, Alfonso Mera, Marcelino Cabrera y Joaquín L. Revelo. Los artículos políticos eran ciertamente agresivos, sobre todo en campañas electorales” . En 1923 dirige su propio periódico, Nubes Verdes, “periódico de literatura y variedades, decía su epígrafe en 1924, se publicó desde 1923, siendo su director Florentino Bustos. Se editaba en la tipografía “Popular”. En 1927, 1928 y 1929, el epígrafe decía “Periódico de ideas”, fueron sus colaboradores Néstor Bueno Solfit y Delio Miral. La tercera época fue en 1968, desde febrero era una “Revista mensual de intereses generales, comerciales, de literatura y variedades”. Anteriormente había publicado una revista con el nombre “Sur de Colombia”, pero por insinuación de monseñor Mejía y Mejía cambió la denominación a la de “Nubes Verdes”. En el número 41 de febrero de 1968 decía el director “... ceñidos a la verdad, sin miedo, ni claudicaciones, de pies frente a la imagen de Cristo y ante la bandera de Colombia...” . Como lo anota el poeta ipialeño Julio César Chamorro, “el poeta Florentino Bustos Estupiñán, escribió también bajo los seudónimos de Néstor Bueno Solfit y Delio Miral. Es de anotar que el primero de ellos es un anagrama del verdadero nombre del poeta, tal y como se descompone a continuación:
N E S T O R B U E N O S O L F I T
(en) (r) (no) (flo) (ti)
(s) (to) (bu)(e) (s)

Su correspondencia numérica es exacta” . Ya para el año de 1928 su obra figura en la crestomatía selectiva hecha por Samuel Delgado, titulada Portaliras Nariñenses , y en cuya obra toman asiento aquellos que el autor estima son los poetas más representativos de la comarca sureña, figurando Bustos con los poemas A Girardot y Amor Ideal, poema éste último que impacta por el rompimiento con la estructura métrica tradicional, mezclando las ideas románticas con las estructuras modernistas:

 

En una tarde tétrica y sombría,
Cantaba un ruiseñor,
Y en su triste cantar ¡ay! se decía,
¡Yo sufro por amor!

Era un loco cantor enamorado
Que amaba con pasión,
Vivía de su amor desamparado;
¡Y todo era aflicción!

Toda la tarde la pasó en pesares
Y en quejas de dolor,
Más el pobre decía en sus cantares
¿Sí me querrá una flor?

¿Por qué sufres? Le pregunté al instante,
Más el rompió a llorar:
¡OH qué cruel es la vida de un amante!
¡Es vida de pesar!..

¿Por qué lloras tan triste? Adolorido,
Le dije al soñador;
Más él me respondió desde su nido:
¡Yo sufro por amor!

Y vivir sumergido en las congojas,
Angustioso es vivir;
Sus lágrimas rodaron por las hojas
De pálido lucir.

Y hastiado de esta vida procelosa
Donde no pudo amar,
Vino a encontrar descanso en una fosa
Cansado de luchar...

Cayó trémula el ave solitaria
Ya próxima a morir,
Y al instante una bella trinitaria
No sé que iba a decir...

La vida del que ama es de tormentos,
Le dije yo a la flor;
Prorrumpieron entonces los lamentos,
Ya muerto el ruiseñor...

Al separarse el ave de este mundo
Causó mucho pesar;
Y él, triste de dolor meditabundo,
Ya nunca ha de llorar...

Descansa en paz al fin de tu jornada,
Cansado de luchar;
Descansa en una tumba abandonada:
¡No vas a despertar!...

 

En 1928 colaborará de lleno en el periódico La Palabra, fundado y dirigido por Guillermo Chaves Chaves, en donde se defendían las tesis conservadoras y especialmente la candidatura presidencial de Guillermo Valencia. Desde entonces y para siempre, su misión de poeta es alternada con la de periodista; sus escritos son ya conocidos en la región, traspasan las barreras de la comarca y se publican en El Tiempo, El Colombiano, La Patria, El País, inclusive en el Almanaque Bristol, sus poemas se encuentran en casi todas las revistas y periódicos regionales de Nariño; Víctor Sánchez Montenegro se expresa de Bustos en los siguientes términos: Florentino Bustos, de Ipiales. Eterno cultivador del verso que maneja con facilidad y espontáneo ingenio. Fue honrado con su publicación en el famoso “Almanaque Hispanoamericano” de la Casa Maucci, de Barcelona, que recogía las producciones del algunos poetas del continente y de España, seleccionadas por países de origen” .

En 1956 el bardo es atravesado por la lanza del dolor al saber que su cuñado moría en tierras lejanas, olvidado por los hijos de la ingrata nación, decide entonces publicar el 5 de septiembre de 1957 la segunda época de La Palabra, en donde leemos: “El primer número de la revista La Palabra, con una ingenua floración de nuestras almas, la dedicamos a la memoria de ese gran jurista, gran colombiano, rara inteligencia y castizo escritor, que en el mundo de los vivos se llamó Guillermo Chaves Chaves, y en el mundo de los inmortales gloria, en los brazos cariñosos de la patria y para orgullo de Ipiales entre los óptimos manes de la historia. Y con el respeto debido a la prensa local, departamental y nacional, nos descubrimos con ufanía, sin miedo ni claudicaciones, con la cara frente al Sol; porque el lema nuestro es y será, alentados siempre con los versos: Yo también, como el águila arrogante, triunfador me alzare, tengo su aliento, y a través de las tumbas, adelante...” .

Continúo su vida consagrado de lleno a la poesía. Jamás contrajo nupcias, no tuvo más descendencia que sus creaciones; y es que hizo voto de castidad para que sean inmáculos sus escritos, sólo se desposó con su amante inspiración. Ya en la senectud, y como todo personaje que pasa a la historia, es creador de múltiples hechos que hablan de su continua burla a la vida, demostrándonos que todo se resume en risa y llanto, como en aquella ocasión en que en un viaje a la costera Tumaco, en compañía de sus parientes Leonor Castro de Bustos y Ester Bustos de Montenegro, ante el inclemente clima, propio de la región, el poeta se rehúsa a despojarse de su cachaca y tradicional vestimenta: vestido de tres piezas negro, gabán, sombrero de paño y bastón, con el que tuvo que despejar a quienes lo perseguían de un lado a otro, pues se había convertido en el centro de atención de la niñez afrodescendiente tumaqueña; o aquella otra anécdota que con emoción relata el profesor Julio Pinchao: se encuentra al bardo en una de las calles de la ciudad, haciéndole notar que el poeta llevaba la corbata al revés, éste le contestó a voz en cuello: es para que te acuerdes de mi toda tu vida; en otra ocasión iba el poeta en uno de sus salidas diarias para recorrer Ipiales, pero con unos cuantos tragos demás, costumbre por demás bien sabida de quienes conocieron al poeta, por la acera contraria venía la insigne poeta y escritora Blanca Morillo de Calderón, a la que al divisar, Bustos lanzó su sombrero al aire y señalándose la cabeza, agregó: Blanca, esto es lo que vale. Actos propios de aquellos seres que como diría el pensador paisa Fernando González, buscar ser egocentras en la originalidad, la desvergüenza y el orgullo.

En 1957 retoma la segunda época del periódico Sur de Colombia, fundado en 1917 por Chaves Chaves y Sánchez Montenegro en Pasto, pero que como dijimos antes, cambió al nombre de Nubes Verdes. El poeta nunca traicionó profesión, ni religión, ni amigos, por eso murió sin deberle nada a nadie, feliz de haber dedicado toda su vida a las artes de Apolo, sin siquiera haber consagrado un día a trabajo diferente que no fuera la poesía y el periodismo, su amor fue Ipiales, por ello sirvió en varios periodos como Concejal, a la usanza antigua, es decir ad honorem.

Históricamente Bustos nace en una patria en formación, una patria cuyas provincias no se identifican aun como fichas de un mismo rompecabezas. El siglo XIX se inaugura en Colombia con el fragor de la pólvora de la guerra de los Mil Días, con el eco aun vivo del tambor anunciante de los enfrentamientos bipartidistas que azotaron durante gran parte del XIX. Ipiales y toda la exprovincia de Obando, experimentan muy de cerca el fragor de la guerra, ya que el mayor esfuerzo por conseguir un ejército más o menos regular se hizo bajo el amparo del gobierno ecuatoriano, ante el fracaso sufrido por el Dr. José Llorente en Ipiales. El primer enfrentamiento armado en Nariño se efectúo en la hacienda Simanacas con las tropas del Grl. Lucio Velasco, conquistando en el ella el conservatismo la primera victoria de su exitosa campaña por esta región. Lucio Velasco y Gustavo Guerrero vencen al Grl. González Carro en combate librado en la hacienda Puenes, acción que libera a la frontera de los liberales. El 15 de mayo de 1903 se firma un tratado de paz, pero hasta muy avanzado el año continúan las hostilidades en casi todo el país, especialmente en Nariño donde se propician las últimas batallas de esta guerra fraticida. La guerra marca profundamente el destino de la zona, y por ende muchas familias se ven en la necesidad de emigrar al Ecuador, sino todos sus miembros, si de algunos, tal como sucede con los Bustos, asentándose y permaneciendo muchos en Ibarra y Quito.

Bien sabido es que la creación literaria se encuentra profundamente condicionada por los factores externos que rodean a sus artífices, juegan con ellos como con sus poderes creativos. Una característica de los poetas de la época fue sin duda alguna el apartarse de la realidad que los circundaba, pocos, como Flórez, ahondan en las preocupaciones de un hombre abatido por el dolor y la angustia; Bustos, caso excepcional, siente el compromiso, se siente eco y portavoz de su pueblo, de su generación, de su tierra misma. En noviembre 2 de 1903 se produce la separación definitiva de Panamá, lo que causa penas y pesar a algunos intelectuales de la época, Bustos no olvidará el atropella y años más tarde enaltecerá y exaltará la valentía de Oscar Terán, quien elevo su grito de protesta desde Panamá, por eso el poeta escribe:

 

¡Si tu espíritu, templo de firmeza,
supo reír del oro del tirano,
tu gesto de patricio colombiano
sublimó a mi país en su grandeza!

¡Todo se te ofreció, la fortaleza
de tu mundo interior, el yanqui insano
quiso corromperte con dinero. En vano,
fue tu carácter de ínclita entereza!

Oscar: no debes callar. Hoy que el bandido
Ocultarse quiere en su falsa diplomacia
¡Tú no debes callar! Aún cuando herido,

sabrás retar al gringo en su falacia,
y tu vida rendir, con fe sincera,
¡por Dios, por tu patria y tu bandera!


En 1932 estalla el conflicto armado con el Perú, el mismo que involucra muy directamente a todos los nariñenses, obsequiándole a la historia un héroe: José María Hernández. Para el poeta es el momento de cantar al valor, de exaltar la fuerza y el coraje, de participar en la lucha impartiendo ánimos por medio de la poesía, y escribe este Himno guerrero:


¡Madre patria, vivero de halcones!
El incaico te llama al confín;
otra vez –al triunfar tus legiones-
con los lauros de Tarquí y Junín.

Aceptemos ufanos el reto,
al peruano quitémosle el velo,
imitando a Bolívar genial;
ese prócer coloso del ande
que su ciencia expandió como grande,
en diademas de luz perennal...

¡Colombianos, luchemos: la historia
nos reserva un libro, de la gloria
los ungidos seremos también;
con ardor ante crueles tiranos,
nuestros pechos serán océanos
eternales veneros del bien!

¡Con los manes de Córdoba, Uribe,
con arrojo de altivo Caribe
nos inspira heroico valor;
y Santander sublimice la era
-con Pinzón, con Albán, con herrera-
Ascuas hechos... en crisoles de honor!

¡Oh Colombia! Tus bellos pendones
guardaremos cual bravos sajones:
en la paz y en perinclita lid;
y tus hijos luchando en el fuerte,
dirán al estelar de la muerte:
“Que morir por la patria es vivir”!

¡Madre patria, vivero de halcones!
Sánchez Cerro te llama al confín;
otra vez –a triunfar tus legiones-
con los lauros de Tarquí y Junín...!


El poeta con su obra quiere forjarnos una historia, sus momentos históricos traspasarlos a las experiencias de los demás; sus situaciones y circunstancias que las palpen y sientan los otros, que se encuentren con una obra viva y comprometida; quiere legarnos un pasado, unos personajes, unas costumbres, quiere hacer y permitir que nos identifiquemos como hijos de la tierra nariñense.

Su obra periodística y de promotor de periódicos y revistas se suma al sinnúmero de revistas que pulularon a inicios del XX en todo el país, interés que no es gratuito, pues es una necesidad de querer salir del letargo, surgiendo así numerosas publicaciones de carácter literario; el periodismo de este periodo se destaca por su militancia, por su combatividad y extrema polarización política; su circulación permite que se radicalicen posiciones y exacerben los ánimos de unos partidos que hasta entonces solo habían buscado los campos de batalla para dirimir discrepancias. Los escritos de la época son un arma feroz y fundamental en las luchas políticas de aquellas contiendas que se libraron al surgir el siglo XX y que se prolongarían luego con conflictos bélicos internacionales.

Pero el poeta también siente un llamado a cumplir con el papel de filósofo y de profeta, no le basta con relatar unos hechos, no le basta con encender los ánimos, ¡no!, toma parte como ideólogo ante las tendencias materialistas que se generan, rata de dar respuestas, mas por la vía casi mística que por la vía política, le parece más claro y decidido alimentar la llama de la religiosidad y de un seguro más allá, que tratar de vislumbrar un porvenir en extremo utópico, como bien lo afirmara Rafael Núñez: “...la idea del poeta como salvaguardia de lo religioso en el hombre y en contraposición al campo de la ciencia, destinada a moverse en lo inescrutable”. El siglo XX puede calificarse como de conocimiento del Universo, tanto del espacio como del hombre en sí mismo, en donde la ficción se torna en una realidad inobjetable, en donde los permanentes cambios, la proliferación de conocimientos y el expectante asombro preocupaban a los pensadores del siglo, surgiendo así toda clase de posiciones: bien a favor del cientificismo y la tecnología, bien con una metafísica que reniega de lo material y ansía la permanente búsqueda espiritual, o bien los que callan, los que opinan... Bustos expresa su pensamiento y su sentir, y lo podemos observar en su poema La calumnia:


¡Hija de Lucifer! Yo te desprecio;
pues, que en mis horas de piedad te visto,
surgir del fango con semblante recio,
engañar sin amor al vulgo necio,
embozada en la túnica de Cristo.

En esta edad, hasta la fe vacila
en el fondo del alma. Flota rota,
como el navío que la mar enfila;
y en el abismo de la duda oscila,
cuál débil flor que el huracán azota...!

Guarda la humanidad, cual un tesoro,
su religión que en la verdad estriba;
no son lo mismo el oropel y el oro,
el creyente sincero..., el viejo moro,
el Cristo del Calvario..., un rudo escriba...

Y siento, siento un padecer eterno,
un amigo, al gran dolor es sempiterno;
cuando me asaltan: dudas, la tristeza,
yo desprecio al amor y a la belleza.

¡Salve, salve dolor mi compañero!
Por noble, lo raro, lo sincero;
si yo caigo rendido en mi jornada,
¡Viejo Sol –junto a ti- tendré alborada!


Y por otra parte nos da una posible solución, la respuesta siempre aferrada al cristianismo ante la intensidad del conflicto personal; esta es una respuesta que él acepta frente a su problemática individual, pero también frente a los problemas nacionales de destierro, guerra, muerte, encontrando todo un elixir que le suministraba tranquilidad y sosiego, así exclama en Gacela:


Lo dejaste a tu hijo, ¡Oh madre excelsa!
sumido en el dolor, angustia y pena;
y acercándome voy tras nuevas metas,
Allí vive Jesús, sublime y grande;
con sus manos que todo lo encadena
hacia el bien por vías portentosas;
con sus senos que son profundas grietas:
de mercedes, piedades y perdones;
y sus ojos, regueros, áureas vetas:
¡de gracias, de virtudes luminosas
y de dichas perennes son canteras...!


A veces quiere salir de ese exagerado sentimiento de la escuela romántica, incursionando en la poesía que trata de describir la naturaleza fielmente, ella ya no como medio de las pasiones humanas, sino como fin pretendido y buscado; exalta la tierra, el trabajo, el pueblo, aunque su poesía no puede escapar de las formas y maneras tradicionales –religiosas y conservadoras-, lo vemos claramente en Amo al pueblo también:


¡Amo al pueblo también! Quien no se inspira
ante tanta bondad, tanta grandeza.
¡Por eso, en mi cantar y en roca lira
el corazón le doy y mi altiveza...!

¡Amo al pueblo también! Mi alma suspira
al verlo perseguido con rudeza;
ufano, con fervor enciendo en ira,
como león de indómita fiereza...

¡Amo al pueblo también! Es mi tesoro,
es mi honda inspiración: numen, cordaje.
¡Amo al pueblo también! Respeto imploro

para el pueblo titán, por su coraje...
¡Amo al pueblo también! ¡Solo contrito
oraré yo por él, al infinito!


Su poesía está cargada de figuras literarias y expresiones de la época, como: Tarquí del éter, tintas de ópalos, piel moruna, aurora donosura, mente de diamantes, etcétera; emplea sitios o lugares frecuentemente utilizados como recurso de expresión máxima: lontananza, vasto firmamento, gruta amada, edén de floración; y hace uso de figuras mitológicas usuales: manes, hadas, ninfas, Venus, Apolo... Para llevar su mensaje, emplea los romances históricos, publicados con fines instructivos y de distracción, crea himnos, cantando en ellos a la libertad, el trabajo, la hermandad, la virtud...; y por sobre todo se exalta creando odas, sonetos y estrofas con temas religiosos, especial y obligadamente a la Virgen de las Lajas, dejando inclusive en el Santuario un recuerdo grabado en el perenne mármol:


¡Todo aquí es singular y poesía!
¡Es la Virgen Lajeña la clemencia,
con sus ojos de dulce refulgencia
y el río al desgranar su sinfonía...!

¡Todo aquí es singular... El sentimiento
que vuela en el suspiro hecho plegaria
y el sollozo, cual blanca trinitaria
se confunde de Dios en pensamiento...!


Su poesía es una fiel descripción del pasado, pero cargada de fantasía, de colorido, tratando temas amorosos y sucesos trágicos o legendarios; ofrece descripciones costumbristas de la región; se dedica a exaltar a personajes importantes del momento: Guillermo Valencia, Gaitán, Aníbal Micolta, Julio Flórez, Carlos Albán, sin olvidar a los héroes de independencia ni de cantar sus justas valerosas. Escribió muchos himnos: a Nariño, a Pasto, a Ipiales... y en todos exalta la grandeza de su tierra, es un recorrido por la historia de la comarca, permitiendo pasear por su naturaleza y por su arquitectura; especial elogio se hizo de su Himno a Pasto, en donde el gran y polémico historiador Rafael Sañudo se expresó en misiva así:

Pasto 19 de mayo de 1940

Sr. Dn. FLORENTINO BUSTOS E.
Ipiales.

Distinguido amigo mío:

Hace algún tiempo que yo le tenía como uno de los principales vates nariñenses, y no ha hecho el Himno más que corroborar a mi antiguo juicio. ¡Qué admirables estrofas, llenas de melodía y buen gusto! ¡Cómo hace elogios a mi patria tan grandilocuentes y generosos! ¡No puedo menos que quedar a Ud. muy agradecido!

Si yo tuviera influjo en esta sociedad, haría que ese Himno fuese el oficial de pasto, porque no se puede encontrar otro más primoroso y aliñado, desgraciadamente para el caso, aquí no tengo ninguno, y si lo enviara a la Junta del Centenario, por ser envío mío, aquella no lo aceptará. ¡Duélome profundamente por ello!

Con mis felicitaciones más ardientes, con mis más efusivos afectos, suscríbome de usted con admirador y adictísimo amigo,

JOSÉ RAFAEL SAÑUDO.”

Y el folclorista y escritor López Álvarez se manifiesta así:

Pasto, agosto 24 de 1940

Al señor Florentino Bustos, por la amable dedicatoria que me hace de su notable HIMNO A PASTO que vivirá perennemente como los mármoles pentélicos, le envío gustoso mi libro de Traducciones de los Himnos de Homero. Su agradecido servidor y amigo,
LEOPOLDO LÓPEZ ÁLVAREZ.”

El sentir romántico es su campo de acción, siendo muy amplio y general, pues igual describe la guerra, la pesadez histórica, la tristeza, con igual sentimiento que a la paz de los campos, la alegría, la altivez. Pero es el paisaje de su niñez el que lo convierte en el poeta romántico neto, la sensibilidad surge y corre en él como su propia sangre, haciendo que cante a los campos, a las montañas, a los volcanes, a las frescas nubes verdes... sin lugar a dudas es la naturaleza quien educó su espíritu. Sus versos son nacidos de un temperamento poético, de su perpetuo estado de admiración, de búsqueda de lo asombroso en lo cotidiano, de lo maravilloso y singular en lo banal. Hay que recordar que Bustos nunca se desempeñó en cargo o puesto laboral alguno, su vida toda estuvo consagrada a la poesía, que hizo de él árbol generador de deliciosos cantos poéticos. Prima en su obra la rebeldía, el amor patrio, el sentimiento de religación el reconocimiento de un ser superior, su desgarrado temor frente a las dudas del hombre, el dolor que le produce la vida misma y el inexorable encuentro con ese más allá. En Bustos todo nos conduce al arte poético: sus estofas cargadas de metáforas, símiles, sinécdoques y admiraciones, por eso decir de Bustos lo que se dice de León de Greiff: “El ocioso era lúcido, y su no hacer nada, terriblemente fecundo”. La mayoría de su obra está escrita en sonetos, lo que le exigía un terrible perfeccionamiento en métrica y rima castellana. De los modernistas, emplea la característica fundamental de alejarse de la realidad inmediata y la tendencia a refugiarse siempre tras la cortina majestuosa del arte y la belleza; su poesía busca extasiar al oidor, al cómplice del poietes, quiere inmiscuirlo en su mundo ideal lleno de misticismo fantástico; como todo modernista, surge el duro conflicto del ser americano y del querer ser europeo, por eso a veces se nos presenta como el indio agreste, degustador del maíz y de la papa, dueño de verdores inexplorados, descendiente de incas, mayas, aztecas, etcétera; y en otras se nos dibuja como hijodalgo, heredero de Quijotes, de valientes caballeros, descendiente de España, nación de glorias sempiternas. El conflicto entra en un deseo donde convergen simultáneamente la conservación y el cambio, lo tradicional y lo revolucionario. Junto con Valencia podemos situarlo dentro del ala derecha del modernismo, por su sentimiento aferrado al catolicismo y por sus repentinos brotes de escepticismo, por su marcada indecisión de aferrarse a un pasado o de ser ente decisor del presente y el futuro. Una de las características mas notables es su provincianismo voluntario, se sabe y se reconoce hombre de provincia, y de ahí no se permitirá salir, es por eso que por su obra desfilan ostentosos los paisajes nariñenses, nuestros personajes, nuestras tradiciones, el propio poeta como parte viva de esa realidad, lo cual está demostrado en los numerosos sonetos a Ipiales:


¡Después, Oh cara Ipiales, con prole pensadora
fueras otra Venecia, ciudad inspiradora,
luciendo tus volcanes: el Chiles y el Cumbal...

Entonces, yo admire: por tu dombo divino,
por tus prados y flores que presagian tu sino,
con grandezas perennes, con mi amor inmortal!

O como en este romance que recoge parte de la tradición nariñense:

De nuestro Charco lajeño,
¡Oh Clemencia sin rival!
te envío sabrosos cuyes
a tu gusto y paladar.

Preparados con esmero
con cebolla, ajo y sal;
por Mercedes de Rosero,
nuestra técnica de par.

Los cuyes agusticiados,
comprados en Yaramal,
te reservan muchas proles
si regresas a tu hogar.

Acepta fervorosa negra
mi presente sin igual,
lo remito con Oliva,
vuestra prima de Panán.

Y recuerda Inés Clemencia
a tu terruño natal,
do vive tu amante loco,
siempre loco, ya de atar.....


Y de su vena de enamorado, de admirador de la mujer, de la belleza, brotarán los más bellos poemas de Bustos, surgiendo por entre todo su ser esas pasiones fuertes del amor que se sitúan dentro del campo erótico del arte; su voluntaria soltería sin duda alguna permitió refrenar deseos y pasiones normales en el hombre, pero que en los poetas toman forma y fuerza sobrehumanas, por ello la mayoría de estos poemas están dedicados a sus amores juveniles, aquellos en que los más viejos han olvidado nombres, para no zaherir los virtuosos amores de más de una mujer nariñense, pero que en los poemas se han perpetuado, como en Alba Nelly:


A tu boca mi morena
el clavel la purpure;
de donaires deslumbrado,
un doncel se enamoró.

¡Oh morena seductora!
Nuestro amor ya floreció;
como linda, como buena,
dulce turpial suspiró.

El te canta negra bella,
tu esbeltez lo conquistó;
por tu ausencia para siempre
tu galán enmudeció.

O como en Ella sola:

Nada valen las flores y su aroma
y las glorias más grandes de la vida;
nada vale el candor de la paloma,

valen más, para un alma adolorida:
¡Un noble gesto que agiganta agravios,
un sí, la vida..., al sonrizar tus labios!


Reconoce en su obra la influencia de Víctor Hugo, Lamartine –pues París fue el centro cultural del mundo, influenciando a los grandes poetas americanos-, Santos Chocano, Rubén Darío. Admirador de Silva, Valencia, Flórez y Pombo. Y aunque incursionó bajo el título de las escuelas literarias romántica y moderna, podemos afirmar que innova en métrica, estilo y forma, él mismo lo reconoce en entrevista concedida al periodista nariñense Delio Concha: “En mis composiciones no me he contentado con imitar, sino que yo he hecho revolución, los poetas mediocres se parecen a los hombre resignados, que viven contentos y satisfechos con la virtud del buey; el poeta de verdad reta al ruiseñor, cuando lo ve cara a cara para enseñarle un nuevo cantar...” .

En los últimos años de su vida, agobiado por un cáncer gástrico, no dejo de escribir, quiso expirar pensando en las letras; el día domingo 14 de febrero de 1971, encontró su último motivo de inspiración en esta tierra: la muerte. Fecha luctuosa para Ipiales y para Nariño, rodeado de sus sobrinos Graciela Bustos de Chaves, Guillermo, Germán y Fabio Chaves Bustos, rodeado de sus amigos y de sus poemas y revistas. Los intelectuales, académicos y miembros de la sociedad sintieron hondamente su partida, así lo recoge la revista Las Lajas de enero de 1971, dedicada a la memoria del poeta, Monseñor Mejía y Mejía se expresa así: Con Florentino Bustos se extingue la tradición poética de Ipiales durante la primera mitad de este siglo. Y acaso también durante la segunda mitad, porque al paso que vamos no tenemos tiempo para entregarnos a los menesteres que implican inspiración y fatiga. (…) Con Florentino Bustos se extingue la era de los poetas ipialeños. A las cinco de la tarde del 14 de febrero de 1971, como en el poema de la muerte de García Lorca, no hubo, quien lo creyera, manos dignas de recibir la llama olímpica de las huesosas manos moribundas del poeta. No hubo un corazón alerta y robusto capaz de resistir la combustión del corazón desfalleciente del poeta. No hubo una inteligencia clara capaz de soportar el patrimonio de la inteligencia en ocaso del poeta. Es que se trataba de una llama, de una combustión, de un patrimonio de cincuenta años fecundos, férvidos, artísticos. Quizá de algo más de cincuenta años, porque Florentino bustos representaba la trinchera romántica que había resistido los embates y combates del modernismo, del piedracielismo, del neorcalismo para situarse en la cumbre del año cincuenta con su prestigio de artífice del país de los duelos y de las lagrimas, de los cementerios tétricos, de las tumbas abiertas, de las osadas excursiones por los valles de la ternura y de los amaneceres frívolos, de la delicadeza hecha queja, del amor hecho ascuas y de los sollozos hechos diamantes. Para recibir esta herencia no había inteligencia, no había corazón, no había manos. No la hay, no lo hay, no los hay. Ipiales quedó huérfano de su poeta. (…) La personalidad humana y literaria de Florentino Bustos se caracterizó por la imperturbable fidelidad a sí mismo y a su arte. Murió como nació. Dejó de escribir como empezó a escribir. No lo inmutaron las embestidas de las tormentas artísticas que se desataron a partir de la segunda década del novecientos. Nació romántico murió romántico. En su vida y en su obra hay una linealidad irrompible. En sus creaciones palpita el mismo estilo, el mismo fuego, la misma sinceridad, la misma devoción por las tradiciones de su raza, el mismo fervor por sus gentes, la misma generosidad por sus amigos, el mismo culto por sus paisajes geográficos y espirituales, la mismas resonancias, el mismo fervor, el mismo tedio… Alguien quizá podría pensar que una vida y un arte de semejante laya caerían en la monotonía, en la insipidez, en el empalago, en el desvanecimiento. Pero no. Florentino Bustos tenía el ingenio para descubrir el punto sobre el que se reflejaba la hora del día o la chispa de la emoción para luego ataviarlo con la luz policromada de sus versos. (…) Católico auténtico, ipialeño integral, en las frondas apacibles de su huerto anidaron todos los trinos de su tierra. Fue el juglar ipialeño al estilo de los juglares del arte de la clerecía en los cielos anónimos de la Edad Media, cuando se deshacían en estrofas alejandrinas de estremecida piedad hacia la muy gloriosa Madre Santa María, o al modo de los cantores de gesta cuando en el poema de Mío Cid con el obispo Jerome pedían por su fe y por su tierra el honor de las primeras heridas. Por ello, como Péguy, el niño terrible, el niño mimado de Nuestra Señora, tuvo la suerte de morir de cara a Dios, tendido de espaldas sobre el barro tibio de su propio suelo , son palabra se un ser dolido por la partida de un amigo, y quizá la emoción lo llevó a lamentar el no recibo del testigo en la carrera de relevos de la lírica, porque o si no la obra de Bustos hubiese sido estéril, yerma, dando gracias a su labor poética de toda una vida se gestó toda una pléyade de escritores y poetas ipialeños que hoy son dignos representantes de nuestras letras, como muestra de ello en la misma revista hay expresiones de tristeza de nuestros cultores ipialeños, que si bien corresponden a diferentes generaciones, han esclarecido nuestra cultura, Camilo Orbes Moreno, helenista y latinista de primer en el concierto de las letras hispánicas, así se expresa: La revista Las Lajas, de Monseñor Justino Mejía y Mejía, auténtico interprete del ecumenismo eclesial y del humanismo, nos trae la lúgubre noticia del sepulcro ya sellado de Florentino Bustos E. Otro discípulo de la belleza de Anacreonte, nacido, fortificado, capitán y fiscal del cielo de la urbe de las nubes verdes: Ipiales. Contemporáneo de Bolívar Quijano, ambos supieron apurar gallardamente la copa de los desventurados, dos nariñenses siervos de quienes abrieron tumbas o portaron estandartes de la prosperidad. Conocí al poeta Bustos cuando Ipiales preparaba arcos triunfales para recibir al primer Obispo de esa Diócesis; generoso con su parvo tesoro económico a la manera de nuestro novelista Guillermo Edmundo Chaves, caballero de Jesucristo, filósofo en su cátedra de la modestia, teólogo de los niños, obreros y campesinos, descubridor de las emociones populares del poema, conquistador del aplauso en plazas y teatros. (…) La literatura fue el robustecimiento de su espíritu, la saudad más fuerte de su ingenio; con tenacidad dio muerte al vulgarismo y entronizó en su lar nativo un profundo cultivo del verso más sonoro que las dianas del cuartel que todos los días escuchaba en las cercanías del Batallón Cabal ; y Julio César Chamorro, uno de los más insignes representantes de la lírica, y ahora de la novela, en nuestro país, por esas épocas joven representante del Comité Estudiantil de Bachillerato, así sintió la muerte de su predecesor: Maestro: ahora que has marchado a ignotas lontananzas, por designio divino, ahora cuando se que me miras con ojos que no miran y me oyes con oídos que no oyen, ahora cuando la parca ha llegado a golpear las puertas de tu ser, para cumplir su fatídica misión en este mundo, ahora cuando nos has dejado privados de tu exquisitez, quisiera que supieras Maestro, que lo único que pudiste legar a tus coterráneos, como son tus poemas, vivirán siempre con nosotros, por medio de ellos te recordaremos y por medio de ellos rogaremos por tu alma, la cual enjoyada con las perlas cristalinas de la inspiración, fue acompañada por las musas hasta el cielo, hasta ese cielo que mirabas cuando escribías, hasta ese cielo que todos los poetas soñamos, hasta ese cielo azulado y hermoso do se encuentra el Nirvana, el Nirvana de la ilusión y la esperanza al cual tantas veces soñaste ir, y que ahora, cuando el tiempo ha detenido su marcha y empezaste tu vida sin él, es decir la vida donde el tiempo no pasa, la vida eterna, has podido realizar esa tu recóndita ilusión. Maestro: te conocí hace tiempo (…) cuando junto con mi abuelo brindabas por nuestra juventud y por nuestras esperanzas, y llamando a las musas con voz desesperada, ibas plasmando en una hoja, todo el caudal de tu inspiración, ahora cuando tú ya no estás, solo puedo ofrecerte, estos versos, (…) inspirados por mi musa adolescente y llevan en su esencia únicamente una inmarcesible sinceridad, como postrer regalo de alguien que te admiró siempre:


Ya te fuiste, maestro, a otro mundo
y dejaste como herencia tus poesías
impregnadas de ilusión y amor profundo
impregnadas de ternuras y alegrías.
Te fuiste, maestro, en raudo vuelo
al Nirvana sutil de la poesía
buscaste con tu musa el fin del cielo
de ese cielo revestido de armonía.
De tantas noches de bohémica locura
miraste el fulgor de las estrellas
y escribiste con pasión y con ternura
a la estrella más bella que las bellas.
Ahora cuando tu no oyes ni miras
porque marchaste al seno de tu Dios
ahora cuando tu ya no suspiras
solo puedo decirte…!! adiós, adiós!!


Las palabras de su infatigable y fiel amigo Enrique Pantoja Muñoz, recogen tal vez de manera sencilla pero profunda el sentir de todo un pueblo para con su Poeta: Fue amigo en toda la extensión de la palabra y con las cualidades de un hombre bueno y de magnánimo corazón. Actuaba como pensaba. Es decir a la manera de los románticos de la vieja escuela. El recuerdo del poeta Bustos vivirá en la memoria de cuantos le conocimos y estimamos en su doble y noble condición de intelectual y de ciudadano. Duerme él a la sombra tutelar y consoladora de la Cruz, mientras llega, para todos los cristianos, el gran día de la resurrección .

Con ocasión del centenario del nacimiento del poeta Bustos, la ciudadanía de Ipiales rindió caluroso homenaje a su poeta insigne, para ello realizó el Primer encuentro de poetas del Sur en el área cultural del Banco de la República de la ciudad de Ipiales, auspiciado por su directora, Dra. Rosita León de Silva, con la participación de Blanca Morillo de Calderón, Artemio Dávila Chaves, Alfredo Oviedo, Mauricio Chaves, entre otros. Los periódicos de la región y las emisoras se unieron en un generoso sí para recordar al eterno cantor de las nubes verdes; la Casa de Poesía Silva, dirigida por la poeta Mercedes Carranza, quiso unirse a la efemérides, donando una placa conmemorativa para adornar la casa en la que nació el bardo ; las autoridades cultas también se hicieron oír, como el Señor Obispo de la Diócesis de Ipiales, Gustavo Martínez Frías, quien escribió: “Don Florentino Bustos Estupiñán, que además de ser un gran poeta, dejó a la posteridad el testimonio de ser muy buen cristiano, cantor de las grandezas de Nuestra Señora de las Lajas” .

Romántico empedernido, quien desde inicios del XX se dio a conocer para grabarse en la memoria de todos sus coterráneos y de todos quienes lo conocieron, formó parte de esa gesta de escritores que engalanaron su tierra con sus estrofas y composiciones, el insigne humanista Sergio Elías Ortiz así lo reconoce: En las letras distinguían tres poetas: Aníbal Micolta, quien de pronto llegaba a la ciudad desde su hacienda El Cascajal, donde se consumía de tedio y de desesperanza; el mono Álvarez, siempre eufórico, siempre cariñoso, así estuviera diáfano o nublado su espíritu y Florentino Bustos, excelente amigo, que de pronto también desaparecía del trato humano para entregarse a lo que él llamaba la contemplación ultraterrena. Los oía a los tres declamarme sus versos y me complacía en ponderar sus creaciones . Florentino Bustos vivió para la pluma y se consumió en las faenas periodísticas y literarias, se movió en ella como colorida e inquieta mariposa que quema sus alas a la luz del fuego para alumbrar a los demás. La poesía fue su motor gestor para vivir, vivir bien, disfrutando hasta de sus desesperos y convirtiéndolos en soneto.

A manera de epílogo, consigno en agradecimiento el bello título que le regalo la ciudadanía ipialeña a su cantor. Poeta, persona con temperamento poético, eso dice el diccionario para definir al poeta; pero todos sabemos que esa simple descripción trasciende la racionalidad humana a un campo más metafísico, al que es difícil llegar. Un poeta es un hacedor de versos, también lo podemos decir sin detrimento de la condición del creador. Todo esto para entender, así lo supongo, el aporte de Florentino Bustos a su terruño, obviamente que su obra poética y literaria van a ser las que lo logran configurar en el colectivo obandeño –la conocida ex provincia de Obando, con su capital Ipiales, por allá en los albores del XX-; la magia de su figura es transponerse a la condición humana para que el colectivo lo identifique con un área específica, la que según su sabio criterio sabe exponer de manera única e incomparable. Cuando en Ipiales o en sus regiones contiguas se habla de Florentino Bustos Estupiñán se habla de El Poeta, cuya sola alusión hace referencia al mencionado autor; el colectivo hace ejercicio de creador también, por eso en su inconsciente desenmascara las figuras de creación literaria y en un tropo, específicamente con la metonimia, le otorga el título que va más allá del nombre mismo: pars pro toto y totum pro pars. En ese reconocimiento generoso frente al hombre escritor de poesía, la misma colectividad va a terminar identificando la parte por el todo –Bustos como la poesía completa- y al todo por al parte –la poesía es Bustos-. Que se tenga noticias, El Poeta no recibió ninguna distinción en medallas, pergaminos o trofeos, y mucho menos monetaria, de ninguna autoridad o parecido, quizá por ese mismo hecho es el pueblo, la gente del común la que lo va a honrar con el título de poeta, y es en esta medida que Florentino bustos va a alimentar el imaginario popular de su comarca, con mágica razón acierta a decir esa también grande y elocuente poeta y escritora Carmen Coral de Calad, el gorrión ipialeño que también vuela libre y sonora por nuestras verdes nubes: don Florentino Bustos, hijo ilustre de este terruño ipialeño, ha sido y sigue siendo el poeta más elocuente y más romántico de esta carisima comarca. No se hizo; nació con la vena de Poeta. (…) Seríamos interminables hablando de don Florentino Bustos como amigo y como poeta poseía cualidades invaluables, consecuente, sincero, caballero en toda la acepción de la palabra. Fue el Poeta, fue el escritor que enalteció las letras de Nariño y especialmente de Ipiales . Si bien la mayoría de jóvenes no identifican esta figura, aunque con efusividad se pueden mencionar contadas excepciones, la imagen física y su creación poética si forman parte de la conciencia popular de gran parte de los obandeños. Es un logro bidimensional: por una parte del mismo artista, es el reconocimiento que sus obras son aceptadas por el pueblo al que fueron dirigidas; y en segundo lugar un logro de la colectividad cuando su opinión trasciende los criterios de los especialistas. Seguro que el poeta Bustos, titulo que le regaló la ciudadanía de Nariño en un reconocimiento a su entrega absoluta a las letras y al arte, aun vive en el corazón de los nariñenses, y cada vez que se leen sus poemas su espíritu vuelve a pasear por calles y parques, se vuelve a inspirar en las verdes planicies y asombrosas montañas, las mismas que siguen siendo motivo artístico de quienes, como el poeta Bustos, son capaces de develar un sentido de admiración y de estética en la naturaleza y en el accionar humano.

 

 

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