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Día de los Santos -
Noviembre 1, de 2004 |
NARIÑO, TERRITORIO
PARA
QUERER
EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS
:: Ipiales Times
www.ipitimes.com, 1 de Noviembre
de 2004 ::

Cementerio de Ipiales. Ipiales, 1 de Nov. de 2004. Foto por Sandra Bolaños
...
“¿Qué significa este día para una sociedad como la nuestra? ¿Qué
simbología se pone de manifiesto? ¿Qué hace que fijemos este día como un
día importante en el calendario festivo? ¿Qué hace que se mantenga esta
tradición de culta y se prorrogue a generaciones venideras? ¿o no? ¿Cómo
se manifiestan la lúdico y festiva con la religiosa y sacra? ¿Qué
hacemos para con las muertos ese día? ¿Por qué existe la confusión
generalizada entre el Día de todos las Santos con el Día de Difuntos?”,...
Todas estas preguntas hasta hace unos días ni siquiera tenían cabida en
mi cabeza, asociaba esta festividad como un día más de liberación de la
rutina que la vida social me impone. Par desgracia, si tengo parientes
cercanos que murieron pero, a pesar de ello, nunca consideré
imprescindible ponerle flores un día tan señalado puesto que estos
habitan en mi memoria y corazón y los corono todos las días de flores al
recordarlos.
En mi familia como presupongo que será en la mayoría de las familias
españolas, este día es un día de recuerdo para con nuestros seres
queridos que ya no se encuentran aquí, en la vida terrenal. La cultura
religiosa popular impone que visitemos sus tumbas y les llevemos flores.
Desde mi infancia hasta mi adolescencia siempre acompañé a mi madre al
cementerio (casi siempre ha sido un rol de mujeres).Y los vanos
recuerdos que paseo son los de una niña que correteaba entre las tumbas,
observaba y leía con bastante curiosidad las inscripciones de las
sepulturas, sobre todo hacia cálculos para saber cuantos años había
vívido la persona que estaba sepultada, mientras mi madre terminaba de
“acicalar” la de los suyos, después, regresábamos a casa y comíamos toda
la familia unida, algo bastante inusual.
Pero los años han pasado y mi madre sigue cada año por estas fechas
comprando flores y visitando la tumba de sus parientes, pero no ya en mi
compañía ni en la de mis hermanos, que hemos dejada de ser partícipes o
participantes, porque cada uno de nosotros ahora decidimos y vivimos
este día en consonancia a un criterio más laico.
¿Las tradiciones populares con tintes religiosos están predestinadas a
una muerte segura? Yo creo que en parte sí, porque los referentes
culturales de nuestras antecesores distan de los de muchos jóvenes de
hoy, puesto que el pasotismo general y el desinterés por conocerlas y no
ser participantes de las mismas es cada vez mayor. El mundo occidental,
hoy en día, plantea una negación en la existencia de una vida futura
después de la terrena. Por otra lado creo que existe un acercamiento
místico a través de la dimensión festiva. Pero ¿Habrá mañana cementerios
con flores el día de todos los Santos?, es más, ¿Yo prorrogaré las
tradiciones de mis progenitores? No puedo augurar lo que sucederá mañana.
Las duelos empiezan a secarse como las lágrimas en los pañuelos. La
publicación de esquelas, la adquisición de centros y coronas o
simplemente, la seña por excelencia del duelo, como es el luto,
disminuyen incluso en zonas tradicionalmente adictas.
El cementerio, en estos dos primeras días del mes de noviembre, es la
inmensa plaza pública donde asoman las más inusitadas manifestaciones y
los más extrañas encuentros entre vivos y difuntos. El bullicio de las
grandes ciudades contrasta con los cementerios rurales que se convierten
en lugar de múltiples reencuentros. En este día se expresa lo máximo del
sentir popular “más vale llevarse bien con los muertos”.
El cementerio, representa el lugar cerrado, lúgubre, donde moran los
difuntos. Esta separado del mundo de los vivos por una elevada tapia que
disimula o esconde a la vista, la fría arquitectura funeraria y es
reconocida por los espigadas cipreses que lo circundan.
La piedra de las tumbas invita a su perennidad, las señas labradas, y la
imagen o fotografía del difunto manifiestan una simbología determinada,
la perpetuación, en este otro mundo, de su memoria.
El enterramiento de nuestras seres queridos sugiere una idea de
sacralidad conectada a cierta reflexión más allá de la vida cotidiana.
En contrapunto Freud, opinaba que la creencia en la continuidad de la
existencia del difunto revela una incapacidad para aceptar la prueba de
la realidad.
El cementerio está repleto de simbologías, es evocador de una
civilización eminentemente urbana, se distingue una claridad de
alineaciones de nichos y tumbas.
Uno de los cementerios madrileños más concurrido en éstas fechas es la
Almudena. Para un muerto, estar enterrado en el más representativo de
nuestros camposantos es señal de distinción y rancio abolengo, aunque
sea en uno de los infinitos nichos y no digamos si lo hace en una de las
tumbas de la parte noble.
El Cementerio Civil surgió como consecuencia de la necesidad de dar
sepultura a suicidas, amancebados, niños sin bautizar, y herejes que la
iglesia católica no quena.
En Griñón, un municipio madrileño, existe un cementerio musulmán. Éste
fue un regalo de Franco al Reino de Marruecos a principios de los años
40. Hay enterradas alrededor de 800 personas siguiendo el rito musulmán,
esto es, en contacto directo con la tierra y mirando hacia la meca. Para
la religión musulmana esta jornada festiva de adoración y devoción a los
muertos católica no es para nada compartida.
Me parece significativo reseñar, que en este día también tiene cabida
oraciones y recuerdos para las mascotas o animales de compañía. Sus
dueños, en muchos casos les dieron el mismo tratamiento que a sus
difuntos, por ello, existe un cementerio en Arganda donde están
enterrados más de 2000 animales de compañía. La tumba en la mayoría de
los casos está decorada por los propios dueños y alrededor de ella
colocan los objetos más apreciados por los animales en vida.
Y como no citar, en la era de Internet los camposantos virtuales que han
revolucionado la forma de mantener vivo el recuerdo de la persona
fallecida. En ellos se puede elegir las flores, el tipo de tumba e
introducir imágenes del fallecido biografías, cartas (...).
A parte, de visitar los cementerios, también a modo de ofrenda se llevan
flores a los difuntos. Las coronas, los ramos, los centros, son los
elementos estéticos que poetizan la arquitectura fría de una tumba. Las
flores más características son el clavel y el crisantemo, por estas
fechas se llega por lo menos a triplicar su precio. Antiguamente, las
flores cumplían la función de enmascarar el olor a descomposición del
muerto.
Otro elemento simbólico que se hace manifiesto este día son las velas.
Las velas encendidas, según la tradición cuenta, iluminaban el camino
que tenían que seguir las almas de los difuntos para llegar a este otro
mundo.
Esta celebración da para mucho por ello, hay un gran abanico de
posibilidades para festejarla. Se puede ir al cementerio a depositar
flores a los seres queridos, como ya hemos visto o bien optar por la
parte más lúdica y divertida de disfrazarse de personajes de terror e
incluso también hay quienes se solazan con la práctica de siniestros
rituales.
Halloween, es una festividad que está haciendo furor, desde hace años,
no en nuestro pueblo, que aún la ignora, sino en nuestras discotecas.
Entre la búsqueda de negocio y el pretexto para disfrazarse, Halloween,
abandona toda relación con lo sagrado para convertirse en una mascarada
con toda la parafernalia del terror.
Sus orígenes bien pudieran estar en la fiesta de Sammein, que se
celebraba la noche del 31 de octubre, en Irlanda, hace aproximadamente
2000 años. Esta fecha marcaba el fin del verano y de las cosechas. La
luz y el calor dejaban ya paso al frío y a la oscuridad del invierno.
Los druidas, sacerdotes de las tribus celtas, organizaban grandes
fogatas y realizaban sacrificios de animales para apaciguar a los
difuntos y con el propósito de rechazarlos. Los muertos el último año
volvían para hablar con los vivos, poseer sus cuerpos y transitar a la
otra vida. Aquellas hogueras no sólo servían para iluminar este acto
sino también como camino para los del más allá pudieran saber donde se
celebraba la fiesta. Hacia el año 800, el cristianismo llegó a estas
tierras celtas y el Papa Bonifacio IV cambió la fiesta del Sammein por
el Día de Todos los Santos. Sin embargo, la conversión no fue total y la
tradición de los muertos se mantuvo, algunos historiadores mantienen que
fueron los primeros irlandeses que llegaron al nuevo mundo allá por el
1846 los que llevaron consigo la fiesta de Halloween. Fue una
celebración rápidamente aceptada por los norteamericanos, el cine se
encargó de hacerla universal a su modo.
España y la cultura hispánica también han sido portadoras de tradiciones
Un ejemplo importante es la trascendencia que estos primeros días
festivos de noviembre tienen dentro. Para acabar me gustaría hacerlo
dejando un buen sabor de boca por ello que he dejado para el final la
referencia a los dulces más típicos y tradicionales con motivo de esta
festividad. Podernos encontrar en cualquier pastelería que se precie los
buñuelos de viento (cuenta la tradición que cuando te comes un buñuelo,
sacas un alma del purgatorio) y los huesos de santo que son dulces de
azúcar y huevo que fingen el canibalismo sacro, si uno come a los
muertos simbólicamente es porque los quiere y no les tiene miedo.
En Galicia se hacen unas empanadas que se comen en los cementerios y en
toda Cataluña se hace un dulce conocido con el nombre de panayet de
almendra y azúcar.
FIESTA DE TODOS LOS SANTOS
(foto: Las guaguas de pan, tradición año
tras año de comer pan en forma de muñecas)

Las guaguas de pan. Foto por Sandra Bolaños. Ipiales, 1 de Nov. de 2004
La Iglesia Católica ha llamado ‘santos’ a aquellos que se han dedicado a
que su propia vida le sea lo más agradable posible a Nuestro Señor.
Hay unos que han sido “canonizados”, o sea declarados oficialmente
santos por el Sumo Pontífice, por lo que por su intercesión se han
conseguido admirables milagros, y porque después de haber examinado
minuciosamente sus escritos y de haber hecho una cuidadosa investigación
e interrogatorio a los testigos que lo acompañaron en su vida, se ha
llegado a la conclusión de que practicaron las virtudes en grado heroico.
Para ser declarado “santo” por la Iglesia Católica se necesita toda una
serie de trámites
rigurosos. Primero una exhaustiva averiguación con personas que lo
conocieron, para saber si en verdad su vida fue ejemplar y virtuosa. Si
se logra comprobar por el testimonio de muchos que su comportamiento fue
ejemplar, se le declara “Siervo de Dios”. Si por detalladas
averiguaciones se llega a la conclusión de que sus virtudes, fueron
heroicas, es declarado “Venerable”. Más tarde, si por su intercesión se
consigue algún milagro totalmente inexplicable por medios humanos, es
declarado “Beato”. Finalmente si se consigue un nuevo y maravillosos
milagro por haber pedido su intercesión, el Papa lo declara “santo”.
En el caso de algunos santos el procedimiento de canonización ha sido
rápido, como por ejemplo para San Francisco de Asís y San Antonio, que
sólo duró 2 años.
Poquísimos otros han sido declarados santos seis años después de su
muerte, o a los 15 o 20 años. Para la inmensa mayoría, los trámites para
su beatificación y canonización duran 30, 40, 50 y hasta cien años o más.
Después de 20 o 30 años de averiguaciones, la mayor o menor rapidez para
la beatificación o canonización, depende de quien obtenga más o menos
pronto los milagros requeridos.
Los santos “canonizados” oficialmente por la Iglesia Católica son varios
millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados,
pero que ya están gozando de Dios en el cielo. A ellos especialmente
está dedicada esta fiesta de hoy.
Reportaje gráfico por Sandra
Bolaños para la revista "NARIÑO"
Arturo Coral-Folleco
Director y Jefe-Editor de
Ipi Times
Des Academies de Science de
Paris et Créteil, France
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The
Sanctuary of Our Lady of Las Lajas in Ipiales:
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