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El carnaval de negros y blancos una puesta de escena para el mundo


Carnaval de negros y blancos en Pasto, Nariño, Colombia. Foto: archivo de ipitimes.com® - © 2006



Por Carlos Augusto Villota
e-mail: carlosvillotasantacruz@yahoo.com.ar

Artur Coral-Folleco: Webmaster

Bogotá 13 de septiembre de 2006.- Colombia es un país de contrastes. Por un lado, es poseedora de una riqueza natural más grande del mundo y por el otro, anualmente; vive en cada una de sus regiones sus fiestas populares, siendo el Carnaval de negros y
Blancos, - Patrimonio Cultural de la Nación – la primera cita.

"Sus puestas se abren el 2 de enero y se cierran 4 días después. Quienes han tenido la oportunidad de conocer su entorno, se sorprenden por la capacidad de los artesanos de tallar la madera y redescubrir las formas de las piedras y del barro", afirma el Director de Corpocarnaval Leonardo Sansón

Pasto, es la capital de Nariño, frontera con el Ecuador. Sus tierras fueron cuna de los indígenas Quillacingas, adversarios de la cultura Inca del Perú. La magia del Carnaval se remonta a 1927, donde las máscaras, los desfiles y el jolgorio hizo su aparición.

“El carnaval es el espacio inventado por los pastusos para transgredir el olvido y condensar la fuerza del juego y de la fiesta a través de una mezcla mestiza”, dice el pintor Manuel Estrada, considerado por un sector de la crítica como uno de los más
representativos de su departamento.

Antes de iniciar la ruptura de los parámetros sociales, el Carnaval tiene en el día de los inocentes – 28 de diciembre- una especie de purificación de los espíritus, que se complementa con el desfile de años viejos pocas horas antes de las 12 de la noche del 31
de diciembre. Es una manera simbólica de enterrar el año.

Ya con nuevos aires y plenamente renovados el espíritu de los pastusos expresa alegría el 2 de enero, cuando sus habitantes se colocan sus mejores galas para venerar a la Virgen de las Mercedes, la patrona de tierras nariñenses, que da su beneplácito para la apertura de la fiesta.

Una fiesta, que tiene como protagonista al Alcalde, que el 3 de enero, entrega los bastones de mando a los corregidores indígenas. Ellos acompañan las bandas y cortejos populares. De esta manera, se da vida a “el carnavalito”, que permite a los niños y niñas unirse a una tradición que cumple 77 años.

Esta expresión ha tomado fuerza en la última década, con la que se da la bienvenida a la familia Castañeda que arriba a la ciudad de Pasto con hijos, abuelos, cabalgaduras, trastos y animales domésticos entre otros. A esta altura, aparece un personaje muy
particular: Pericles Carnaval, quien lee un bando y asume el control de la ciudad.

“Decreta el cese de las hostilidades cotidianas, del aburrimiento y la tristeza y desata la memoria colectiva para que desfilen las estampas típicas, donde se entreveran cuadros del recuerdo con sones sureños, tonadas campesinos y desplazamientos coreográficos”, advierte el Alcalde de Pasto Raúl Delgado.

Lo que sorprende a propios y extraños, es que el 5 de enero, en cualquier calle de la capital de Nariño, aparecen de la nada hombres y mujeres con el rostro pintado, en una zona de población tradicionalmente, blanca.

Es un momento mágico. La gente se confunde en un solo
conglomerado humano, donde la música retumba por todas partes y el baile hace parte de cada uno de los cuerpos, que parecen tener en la noche, a su mejor aliado.

Ya al entrar el 6 de enero, el escenario se torna blanco. Hace aparición el talco, los colores y las serpentinas. Desde muy temprano los nariñenses y visitantes salen a la calle para ser testigos del carnaval, con prevalencia de majestuosas Carrozas,
Murgas y Comparsas.

En una palabra ,es una fiesta de puestas abiertas, donde las clases sociales se rompen, la autoridad la asume la cultura y la fiesta se extiende hasta bien entrada la madrugada, cuando los ciudadanos retornan a sus hogares, añorando que pasen 365 días para otro Carnaval, al igual o mejor que el que han tenido la
oportunidad de disfrutar.

Lo cierto es, que el Carnaval de Negros y Blancos se ha convertido en el siglo XXI en una terapia individual y social que libera a la población del peso de lo cotidiano y rompe las reglas establecidas, al punto de expresa una variedad de sentimientos de la amistad, el perdón y el amor.

“En Pasto, el Carnaval es esencialmente popular, artesanos, campesinos, trabajadores son los protagonistas de la fiesta. Las élites sociales se disuelven en el fervor del festejo y esto genera la ambivalencia de la fiesta popular, niega las estructuras establecidas y dando paso a un encuentro cultural de una alta riqueza”, sostiene la Minisra de relaciones Exteriores María Consuelo Araujo.

A sus palabras se une el gobernador de Nariño, el antropólogo Eduardo Zúñiga, quien no duda en afirmar que el carnaval es anualmente el alimento del alma, donde perder se convierte en ganar, donde morir es vivir y donde brota la esperanza, el amor, la dignidad y alegría humana. “El Carnaval es el pulmón de la cultura que enriquece y fortalece la identidad de los habitantes del sur de Colombia “señala.

Quién este pensando en visitar el trópico y en particular Colombia, tiene en Nariño y su Carnaval el mejor escenario para vivir una fiesta cultural diferente y de una proyección social que traspasa
fronteras, que la tiene hoy, como una de las jornadas culturales más auténticas de Latinoamérica.

 


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